12 de octubre de 2010

CRISIS ECONÓMICA, ECOLÓGICA Y SOCIAL.

Opinión de Ignacio Flórez Barrón, miembro del Consell Local y Responsable de finanzas de EUiA de Cornellá:


CRISIS ECONÓMICA, ECOLÓGICA Y SOCIAL.



Hoy día es unánime la posición de todos los sectores de la sociedad sobre la forma en que debemos actuar para hacer frente  a la crisis que estamos viviendo, no sólo  de los verdaderos responsables, de quienes han impuesto este modelo y estas políticas imperantes, el sistema capitalista, sino también, desgraciadamente, de quienes la sufren de forma directa, 
porque el sistema ha conseguido hacernos partícipes y cómplices de lo que ellos dicen: que es el único sistema capaz de generar bienestar y beneficios para todos, sin darnos cuenta de que nuestra manera de actuar y de pensar está hipotecando nuestro presente y, sobre todo, nuestro futuro y el de nuestros hijos, cosa que no tenemos ningún derecho a causarles. 



Actualmente, con nuestro sistema de producción y consumo, basado en un crecimiento permanente y desbocado, por encima de toda lógica y necesidad, estamos destruyendo nuestra casa común, el planeta del que formamos parte, que no nos pertenece. Hoy, todos y todas participamos de la creencia de que nuestros derechos particulares nos permiten crecer de forma irrefrenable. Un crecimiento que empieza por el demográfico: cada año unos 80 millones de personas más en el mundo, a pesar de que cada seis segundos muere un niño de hambre, lo que supone una barbaridad insostenible, que unido a nuestra estúpida forma de consumir, de derrochar y de acaparar, hace insostenible nuestra vida y nuestra existencia. 80 millones de personas más necesitamos más espacio, más recursos, más alimentos, más energías, más de todo, 
así vemos como las tierras más fértiles y productivas son invadidas sin reparar en las consecuencias, nuestros bosques y nuestras montañas son ocupadas por urbanizaciones para viviendas de segunda residencia, 
por equipamientos para el ocio, el turismo (verdadero azote de la Naturaleza) , así los aeropuertos, como el de El Prat, 
que ocupa  miles de hectáreas de una zona que estaba considerada, hace unas décadas, como las más fértiles y ricas de toda la cuenca mediterránea; autopistas, centros,  comerciales, viviendas y otras actividades aledaños a los pueblos y ciudades.   


Esta crisis, de proporciones gigantescas, por más que digan, no tiene visos de solución. Los que nos han metido en ella quieren convencernos de que para solucionarla es imprescindible más de lo mismo: los políticos con poder de decisión, los banqueros, los economistas dicen que hay que seguir creciendo, y los de abajo (los obreros, los empleados, los pensionistas, etc.), en su mayoría compartimos esa manera de hacer, esa filosofía. Ese crecimiento, muy por encima de las necesidades reales y, sobre todo de la capacidad del planeta para soportar nuestra presión, más que la solución es el verdadero problema. Sé que esa manera de ver las cosas cuesta mucho hacerla entender, porque estamos educados y forjados de forma que podamos comprender que pueda haber otra forma de vida más austera y menos egoísta, sin darnos cuenta de que este planeta tiene unos recursos limitados y finitos que los estamos agotando de forma acelerada e irreversible. Todo ello, entre otras cosas está provocando el deterioro de nuestra salud y la del Medio Ambiente y, como consecuencia el Cambio Climático que amenaza de forma irreversible nuestro futuro al tiempo que se convierte en la ruina de países que disponen de reservas que son el gran negocio de los países del Norte.


Ante este tremendo problema hemos de actuar sin titubeos, desde todas las instancias: los ciudadanos de a pie, con nuestro sentido común, sabiendo que cada acción, positiva o negativa, tiene su influencia en el problema; el comercio, las empresas, los responsables políticos y, por supuesto, los poderes económicos y financieros, que son  quienes diseñan y planifican este modelo de vida. Mientras nosotros no actuemos organizadamente, sin caer en este sistema destructivo, que como dijo Miguel Delibes: “es como el tren de los hermanos Marx, que para seguir funcionando necesita destruirse a sí mismo”
  
El modelo de crecimiento permanente y exponencial es, como digo más arriba, el gran problema. Hay que ir hacia un modelo de decrecimiento, incluso en el demográfico, de eficiencia y austeridad que garantice una vida y un futuro, responsable y sostenible.


Como podemos comprobar, esta forma de actuar no sólo no garantiza nuestro bienestar, sino que conduce a miles de millones de personas a la miseria más absoluta a lo largo y ancho de la Tierra, cosa que no podemos defender las organizaciones de izquierdas, los comunistas, porque nos equivocamos si pensamos que la actual crisis se va a resolver siguiendo la filosofía que nos ha inyectado el sistema capitalista. En nuestro  programa es imprescindible la introducción de componentes de carácter ecologista y de defensa del Medio Ambiente y la Naturaleza. Es una contradicción pensar que lo único válido y defendible es lo rojo, despreciando lo verde, porque ambos elementos son el complemento ideal para avanzar hacia nuestro bienestar y nuestra seguridad vital.

Ahora con la escusa de crear unos puestos de trabajo, el gobierno central  se ha sacado de la manga el que los ayuntamientos que no estén muy endeudados puedan endeudarse mucho más, no para cubrir necesidades de carácter social, cultural, sanitario, etc. Sino para realizar obras como las del anterior Plan E, con las que se han destruido zonas que estaban en buen estado, modificándolas innecesaria y absurdamente, con el correspondiente derroche de materiales y dinero.

Soy consciente de que no todo lo que expongo aquí se pueda aceptar tal cual pero estoy dispuesto a colaborar con otros miembros de nuestras organizaciones: PCC y EUiA para concesionar un programa útil y aceptable por la mayoría.

Espero y deseo que estas propuestas no sean despreciadas, porque entonces seré yo quien se sienta ignorado, frustrado y desilusionado.   

Esperando una respuesta positiva y comprensiva, recibid  mis más fraternales y afectuosos saludos.

INACIO FLÓREZ BARRÓN

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